Pablo Escobar, el afamado narcotraficante colombiano, creó en su Hacienda Nápoles, a 150 kilómetros de Medellín, un zoológico privado con rinocerontes, elefantes y otros animales comprados en el mercado ilegal internacional. Entre ellos, cuatro hipopótamos que tras la caída del “patrón” escaparon de la hacienda y empezaron a reproducirse alrededor del río Magdalena, el más grande del país.
Ahora hay decenas de comunidades que conviven con esos descendientes. Y con el miedo que generan. “Ese limbo en el que estamos en Colombia es muy peligroso”, dice en este episodio Noor Mahtahni, reportera de América Futura. “Hasta ahora ha habido varios casos de ataques que han dejado con movilidad reducida al menos a dos pescadores, y le han dado un susto a más de uno”.
Este mes, la comunidad de Puerto Nare ha ganado una tutela que exige al Estado colombiano controlar a uno de estos especímenes que se pasea por el río que los niños de la vereda deben cruzar cada día para ir a la escuela.
Juber Martínez, el abogado a cargo del caso, opina que “las comunidades que sufren estas problemáticas de manera directa tienen más legitimidad para decir qué es lo que quieren. Porque es muy cómodo estar en casa o delante de una pantalla y decir ‘no, es muy bonito el animalito’, ¿no? Decir: ‘No le establezcan medidas letales’, pero se pierde de vista el sufrimiento de la comunidad que está en interacción con ellos".
El debate sigue abierto, especialmente después de que Fabio Arjona, ministro de ambiente de De La Espriella, ha dicho que no está a favor de la eutanasia y que estaría dispuesto a crear un “Jurassic Park” de hipopótamos dentro de Colombia.
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