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Hola, ¿cómo estás? Espero que todo vaya bien por ahí. En mi caso, estoy un poco preocupado por lo que está sucediendo en el mundo en estos momentos. Y es curioso, pero este no es el episodio que tenía preparado para hoy. Ya había grabado uno, pero el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a Irán me ha obligado a cambiar de planes. Y es que, en ese episodio hablaba justo de lo que sucedió en el país persa en las pasadas navidades. Las protestas en la calle contra el régimen iraní dejaron miles de muertos, y quería aprovechar una noticia para reflexionar sobre ese tema. Pero ahora ya no tiene mucho sentido, la verdad. Así que, he borrado ese episodio y he buscado una información alternativa, una noticia que no tiene nada que ver con eso.
Es posible que ya lo sepas, pero existe un lugar en el mundo donde se guardan copias de seguridad de las plantas que comemos. Como si fueran archivos importantes, pero en vez de documentos, hablamos de semillas. Ese lugar está en una pequeña isla del norte de Noruega. Se llama Banco Mundial de Semillas de Svalbard, aunque mucha gente lo conoce como “la bóveda del fin del mundo”.
¿Para qué sirve exactamente? Su función es muy sencilla de entender: proteger la agricultura del planeta. Allí se almacenan semillas de miles de cultivos diferentes para que, si algún día ocurre una gran catástrofe —como un desastre natural, una guerra o los efectos extremos del cambio climático—, podamos recuperar esas plantas y volver a cultivarlas. Es, digamos, nuestro último seguro para no perder especies que son esenciales para nuestra alimentación.
El lugar es impresionante. Está construido dentro de una montaña de hielo y roca, bajo tierra, para mantener las semillas en condiciones perfectas: mucho frío, muy poca humedad y máxima seguridad. De hecho, incluso si se fuera la electricidad, el hielo del Ártico mantendría la temperatura baja durante mucho tiempo.
Cada país puede enviar allí semillas de sus cultivos más importantes. Es como enviar un “duplicado” de aquello que no se quiere perder. Las semillas llegan en sobres sellados, con toda la información necesaria, y se guardan en cajas metálicas dentro de túneles muy largos. No se plantan, no se abren, no se tocan: solo están allí por si algún día hicieran falta.
Lo más interesante es que no se trata de un banco normal. No es un lugar al que puedes ir y pedir semillas para plantar mañana. Es un depósito de emergencia, pensado para situaciones extremas, cuando todo lo demás haya fallado. Por eso se habla de él como “el último gran recurso de la humanidad”.
Y lo que sorprende a mucha gente es que este banco ya guarda más de un millón de semillas diferentes procedentes de casi todos los países del mundo. Cada una de ellas representa una parte de la biodiversidad que necesitamos para alimentarnos.
En resumen: el Banco Mundial de Semillas de Svalbard es como un gigantesco archivo de vida, creado para proteger el futuro de nuestra agricultura. Es un proyecto internacional que intenta evitar que, pase lo que pase en el planeta, perdamos para siempre las plantas que nos han acompañado durante miles de años.
Pues bien, la noticia de hoy relaciona ese banco de semillas con España. Pero antes de escucharla necesito explicarte cuatro cosas que aparecen en la información. Por un lado, el CSIC es el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España. Allí trabajan miles de científicos que estudian todo tipo de temas: desde biología, química o medicina, hasta astronomía o ciencias sociales.
En segundo lugar, la FAO es la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Es una agencia de la ONU que trabaja para luchar contra el hambre, mejorar la agricultura mundial y proteger los recursos naturales.
En cuanto al Banco de Germoplasma de la Universidad de Córdoba, es un lugar donde se guardan semillas, plantas o material genético para conservar la biodiversidad.
Y por último, el Consejo Oleícola Internacional es una organización internacional que reúne a países productores y consumidores de aceite de oliva y aceitunas.
Bien, ahora sí que estamos preparados para escuchar la noticia de Radio Nacional de España.
“Es un depósito en el que se almacenan semillas para cuidarlas y recuperar los cultivos en caso de catástrofe. Es como el último gran recurso de la humanidad.
Bien, pues este banco subterráneo está en una isla de Noruega, contiene ya más de un millón de semillas, y las últimas en refugiarse allí son las del olivo español, que acaban de entrar.
Sí, por primera vez un cultivo leñoso ha traspasado las puertas de esta cúpula del fin del mundo. Lo ha hecho en sobres, con 500 semillas seleccionadas en el Banco de Germoplasma de la Universidad de Córdoba para preservar así las 50 variedades más importantes del mundo. Pablo Morello es su responsable.
El olivo se viene cultivando desde hace seis mil años. Actualmente existen cerca de 1.500 variedades de olivo y aquí en nuestro Banco de Germoplasma Mundial de Olivos de la Universidad de Córdoba conservamos cerca de 700 variedades distintas.
El proyecto ha sido posible gracias al Ministerio de Agricultura, al CSIC y a las universidades de Córdoba y Granada, liderados por la FAO y el Consejo Oleícola Internacional. Jaime Lillo es su director ejecutivo.
Conforman un auténtico tesoro de material genético de la diversidad genética del olivo.
Todas las semillas que se guardan ya en Svalbard tienen su duplicado en los bancos de Germoplasma para salvaguardar esa biodiversidad frente a hipotéticas amenazas como desastres naturales, conflictos o efectos del cambio climático.”
Muy interesante la noticia, ¿verdad? Pues ahora vamos con las palabras que pueden entrañar alguna dificultad. Por cierto, aquí “entrañar” quiere decir “suponer” o “significar” una dificultad, ¿vale?
Depósito: es un lugar donde se guarda o se almacena algo para conservarlo. Puede ser un espacio físico, como un almacén, o un contenedor donde se guarda un material.
–El agua de lluvia se recoge en un depósito para usarla después en el jardín.
–El museo tiene un depósito donde guardan las obras que no están expuestas.
Cultivos: son las plantas que se siembran y se cuidan para obtener alimentos o productos, como trigo, arroz, tomates o algodón.
–En esta zona los agricultores trabajan sobre todo con cultivos de frutas y hortalizas.
–El cambio climático está afectando a muchos cultivos que antes crecían sin problemas.
Cultivo leñoso: es una planta que tiene tronco o tallos duros, como los árboles o los arbustos. A diferencia de las plantas herbáceas, estas tienen madera. El olivo, por ejemplo, es un cultivo leñoso.
–La vid y el almendro también son cultivos leñosos.
–Los cultivos leñosos viven muchos años y requieren cuidados diferentes a los de un cereal.
Olivo: es un árbol típico del Mediterráneo que produce aceitunas, con las que se hace el aceite de oliva. Es una especie muy antigua y muy importante en España.
–En el pueblo de mi abuelo hay olivos que tienen más de cien años.
–El olivo necesita mucho sol y resiste bien la sequía.
Sobre: es un pequeño envoltorio de papel que se usa para guardar cartas, documentos o, como en este caso, semillas.
–La invitación llegó dentro de un sobre azul muy bonito.
–Las semillas se enviaron en sobres herméticos para que no se estropearan.
Preservar: significa proteger algo para que no se pierda o no se deteriore con el tiempo. Es una forma de conservar.
–Es importante preservar las lenguas minoritarias para que no desaparezcan.
–Los científicos trabajan para preservar especies en peligro de extinción.
Salvaguardar: es parecido a preservar, pero un poco más fuerte. Significa defender o garantizar que algo siga existiendo, sobre todo cuando hay riesgos o amenazas.
–La nueva ley pretende salvaguardar los derechos de los trabajadores.
–Los bancos de semillas sirven para salvaguardar la biodiversidad agrícola.
Hipotéticas amenazas: son peligros que todavía no han ocurrido, pero que podrían ocurrir en el futuro. No son reales en este momento, pero son posibles.
–El plan de emergencia se creó para reaccionar ante hipotéticas amenazas como inundaciones o incendios.
–Guardamos copias de seguridad por si en el futuro aparece alguna amenaza hipotética, como un fallo del sistema.
“Es un depósito en el que se almacenan semillas para cuidarlas y recuperar los cultivos en caso de catástrofe. Es como el último gran recurso de la humanidad.
Bien, pues este banco subterráneo está en una isla de Noruega, contiene ya más de un millón de semillas, y las últimas en refugiarse allí son las del olivo español, que acaban de entrar.
Sí, por primera vez un cultivo leñoso ha traspasado las puertas de esta cúpula del fin del mundo. Lo ha hecho en sobres, con 500 semillas seleccionadas en el Banco de Germoplasma de la Universidad de Córdoba para preservar así las 50 variedades más importantes del mundo. Pablo Morello es su responsable.
El olivo se viene cultivando desde hace seis mil años. Actualmente existen cerca de 1.500 variedades de olivo y aquí en nuestro Banco de Germoplasma Mundial de Olivos de la Universidad de Córdoba conservamos cerca de 700 variedades distintas.
El proyecto ha sido posible gracias al Ministerio de Agricultura, al CSIC y a las universidades de Córdoba y Granada, liderados por la FAO y el Consejo Oleícola Internacional. Jaime Lillo es su director ejecutivo.
Conforman un auténtico tesoro de material genético de la diversidad genética del olivo.
Todas las semillas que se guardan ya en Svalbard tienen su duplicado en los bancos de Germoplasma para salvaguardar esa biodiversidad frente a hipotéticas amenazas como desastres naturales, conflictos o efectos del cambio climático.”
Cada vez menos dudas, ¿verdad? Pues vamos con una versión modificada de la noticia, introduciendo el máximo número de sinónimos posibles.
En una isla remota del norte de Noruega existe un almacén subterráneo donde se guarda y protege la diversidad agrícola del planeta. Es un depósito internacional donde se conservan miles de semillas para recuperar los cultivos si algún día la humanidad sufre una catástrofe, ya sea un desastre natural, una guerra o una crisis climática. Muchos lo llaman el último refugio vegetal del mundo.
Este banco bajo tierra ya reúne más de un millón de muestras, y las más recientes en incorporarse han sido las del olivo español. Es un hecho histórico, porque es la primera ocasión en la que un árbol frutal atraviesa las puertas de esta especie de cápsula del fin del mundo.
Las semillas viajaron hasta allí en sobres herméticos, un total de 500 unidades, escogidas cuidadosamente por el Banco de Germoplasma de la Universidad de Córdoba. Con ellas se pretende resguardar las 50 variedades de olivo más relevantes del planeta. El responsable del proyecto, Pablo Morello, recuerda que el olivo se cultiva desde hace seis milenios y que hoy se conocen cerca de 1.500 tipos distintos. Solo en su banco, en Córdoba, se custodian casi 700 variedades, lo que demuestra la enorme riqueza genética de este árbol mediterráneo.
Esta iniciativa ha salido adelante gracias a la colaboración del Ministerio de Agricultura, el CSIC, y las universidades de Córdoba y Granada, bajo la dirección de la FAO y del Consejo Oleícola Internacional. Su director ejecutivo, Jaime Lillo, explica que este conjunto de semillas constituye un auténtico tesoro genético, una colección que refleja la amplia diversidad del olivo en el mundo.
Además, todas las semillas enviadas a Svalbard tienen una copia en los bancos de germoplasma españoles. El objetivo es proteger esa biodiversidad frente a riesgos futuros, como fenómenos extremos, conflictos armados o los impactos del calentamiento global. En otras palabras, el depósito noruego funciona como un seguro de vida para las plantas que alimentan a la humanidad.
“Es un depósito en el que se almacenan semillas para cuidarlas y recuperar los cultivos en caso de catástrofe. Es como el último gran recurso de la humanidad.
Bien, pues este banco subterráneo está en una isla de Noruega, contiene ya más de un millón de semillas, y las últimas en refugiarse allí son las del olivo español, que acaban de entrar.
Sí, por primera vez un cultivo leñoso ha traspasado las puertas de esta cúpula del fin del mundo. Lo ha hecho en sobres, con 500 semillas seleccionadas en el Banco de Germoplasma de la Universidad de Córdoba para preservar así las 50 variedades más importantes del mundo. Pablo Morello es su responsable.
El olivo se viene cultivando desde hace seis mil años. Actualmente existen cerca de 1.500 variedades de olivo y aquí en nuestro Banco de Germoplasma Mundial de Olivos de la Universidad de Córdoba conservamos cerca de 700 variedades distintas.
El proyecto ha sido posible gracias al Ministerio de Agricultura, al CSIC y a las universidades de Córdoba y Granada, liderados por la FAO y el Consejo Oleícola Internacional. Jaime Lillo es su director ejecutivo.
Conforman un auténtico tesoro de material genético de la diversidad genética del olivo.
Todas las semillas que se guardan ya en Svalbard tienen su duplicado en los bancos de Germoplasma para salvaguardar esa biodiversidad frente a hipotéticas amenazas como desastres naturales, conflictos o efectos del cambio climático.”
Para terminar, quiero contarte algo que quizá no sabías. El banco de semillas de Noruega no es el único “gran almacén” pensado para proteger cosas importantes para la humanidad. En distintos lugares del mundo existen otros centros parecidos, aunque guardan materiales muy diferentes.
Por ejemplo, no muy lejos del banco de semillas, también en Svalbard, existe un archivo mundial de código abierto, donde se conservan copias de proyectos digitales esenciales, como software libre o documentos científicos. Es una especie de “memoria digital” del planeta, pensada para que la información no se pierda aunque ocurra algún desastre tecnológico.
En otros países también hay lo que se llaman bancos de genes o bancos de ADN, donde se guarda material genético de plantas, animales o incluso microorganismos. Su objetivo es parecido: mantener la diversidad biológica por si en el futuro alguna especie desaparece o necesita recuperarse.
Y algo muy curioso: también existen bibliotecas de semillas a pequeña escala, gestionadas por agricultores o comunidades locales. Son como versiones más modestas del banco de Svalbard, pero cumplen una función muy importante: proteger las variedades tradicionales de cada región y evitar que se pierdan.
Lo que todos estos lugares tienen en común es la idea de proteger lo más importante: la comida que nos alimenta, la información que hemos creado, la diversidad que sostiene la vida. Son como pequeñas cápsulas del tiempo donde se conserva lo mejor de nosotros para las generaciones futuras.
Y en un mundo tan cambiante como el nuestro, saber que existen estos espacios de protección da un poco de tranquilidad. Eso sí, ojalá no necesitemos utilizarlos nunca.
Venga, vamos a repasar lo que hemos explicado hoy.
Depósito: es un lugar donde se guarda o se almacena algo para conservarlo.
Cultivos: son las plantas que se siembran y se cuidan para obtener alimentos o productos.
Cultivo leñoso: es una planta que tiene tronco o tallos duros, como los árboles o los arbustos.
Olivo: es un árbol típico del Mediterráneo que produce aceitunas, con las que se hace el aceite de oliva.
Sobre: es un pequeño envoltorio de papel que se usa para guardar cartas, documentos o, como en este caso, semillas.
Preservar: significa proteger algo para que no se pierda o no se deteriore con el tiempo.
Salvaguardar: es parecido a preservar, pero un poco más fuerte.
Hipotéticas amenazas: son peligros que todavía no han ocurrido, pero que podrían ocurrir en el futuro.
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