El domingo pasado, un grupo de vecinos de Ceuta atacó a pedradas y con huevos un coche porque creía que dentro viajaban miembros de una ONG llegada a la ciudad para ayudar a los migrantes. No era así. El vehículo pertenecía a la diputada ceutí Julia Ferreras, que se identificó mientras sus conciudadanos trataban de abrir el vehículo y rompían una de sus lunas. Algunos siguieron incluso después de saber quién era.
El incidente violento resume algo que va mucho más allá de Ceuta. Las ONG, durante décadas asociadas a la ayuda humanitaria, se han convertido en blanco de sospechas, bulos y acusaciones. En la ciudad autónoma reciben críticas a diario acusándolos de favorecer la inmigración irregular, de responder a intereses políticos e incluso de traficar con personas. La enviada especial de EL PAÍS a la ciudad autónoma, Bárbara Ayuso, nos cuenta cómo se ha llegado a un clima en el que voluntarios, activistas y periodistas se sienten señalados.
Con Patricia Rodríguez Blanco, de Planeta Futuro, hablamos de cuándo empezó a deteriorarse la confianza en las ONG, quién alimenta ese relato y qué consecuencias está teniendo para un sector que, al mismo tiempo que afronta más emergencias, cuenta con menos recursos y trabaja en entornos cada vez más hostiles.
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