Pedro Sánchez está
cada vez más cerca de China. Cuatro visitas en cuatro años, sintonía total con Xi Jinping, gestos diplomáticos, acuerdos bilaterales y, según ambos,
el lado correcto de la historia —en el que están, dicen,
frente a Estados Unidos y Trump—. Una estrategia que tiene sus riesgos, porque Pekín tiene la suya propia, sus intereses y sus peones. ¿Por qué Sánchez se ha
echado en brazos de China? Analizamos todas las claves y polémicas de esta relación con
Lucas de la Cal, corresponsal de
EL MUNDO en Asia
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