Israel no solo bombardea Líbano; también castiga mentalmente a la población. Más de un millón de personas se han visto obligadas a desplazarse, y cada vez quedan menos lugares adonde ir.
Las constantes órdenes de evacuación y el ruido de los drones y los aviones mantienen al país árabe en un estado permanente de ansiedad y estrés. “Nos ha llegado el humo y el polvo de la explosión y el sonido ha sido muy potente”, explica un refugiado sirio residente en Beirut.
Ana Fuentes conversa con Natalia Sancha, periodista de EL PAÍS, que ha vivido en Líbano 15 años y ha recogido numerosos testimonios que muestran cómo se enfrenta la población libanesa a los constantes ataques israelíes. “Vivimos en una montaña rusa emocional, pasando de momentos de calma a momentos de miedo”, explicaba una mujer que vive “relativamente lejos” de las zonas más castigadas por los bombardeos.
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