La vacuna del sarampión existe desde los años 60. Y su eficacia está más que demostrada, ha salvado millones de vidas en todo el mundo.
En España se administra de forma generalizada desde los 80. En 2017, la Organización Mundial de la Salud, a través de su Comité Regional Europeo, nos acreditó como país “libre de sarampión”, después de comprobar que el virus no había circulado de forma sostenida durante tres años. Pero esa acreditación, que se va renovando, la acabamos de perder. Los casos han subido de alrededor de una decena en 2023, a cerca de 400 en 2025, con datos preliminares. Eso a pesar de que la cobertura vacunal sigue siendo muy alta, y de hecho está muy cerca de las cotas que se consideran necesarias para contener la enfermedad. Pero los virus no entienden de fronteras, y en la Unión Europa, entre 2023 y 2024, el sarampión también aumentó: las tasas se multiplicaron casi por 10.
Para entender qué ha pasado, qué ha podido fallar y a qué nos enfrentamos, entrevistamos a Noemí López Perea, investigadora en enfermedades inmunoprevenibles en el Centro Nacional de Epidemiología.
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